7 errores más frecuentes durante la germinación y cómo evitarlos
La germinación de semillas no solo plantea dificultades a quienes empiezan a cultivar, sino también a los cultivadores con experiencia. A menudo se debe a que, por desconocimiento, cometen alguno de los errores básicos durante la germinación. ¿También te ocurre a ti? Descubre cómo evitarlo y germinar como un profesional.
En las siguientes líneas también hablaremos de pequeños errores que, sin embargo, pueden afectar drásticamente al éxito de la germinación. Si quieres aprender los conceptos básicos, lee el artículo Germinación en interior de la A a la Z.
1. Semillas viejas o de mala calidad
Las semillas demasiado viejas o almacenadas de forma incorrecta tienen muchas menos posibilidades de germinar con éxito. Aunque algunas pueden seguir siendo viables durante muchos años, las condiciones de almacenamiento son fundamentales. Si están expuestas a la humedad, el calor o la luz, su capacidad de germinación disminuye rápidamente. Además, las semillas baratas o obtenidas mediante una selección de baja calidad pueden presentar defectos genéticos o estar contaminadas con patógenos
¿Cómo puedes evitarlo? Elige semillas únicamente de proveedores de confianza y guárdalas en un lugar seco, fresco y oscuro. Lo ideal es utilizar un recipiente hermético en el frigorífico, junto con un absorbente de humedad.
2. Temperatura inadecuada y exceso de humedad
Las semillas necesitan una temperatura adecuada para germinar. Si es demasiado baja, la germinación se ralentiza o se detiene por completo. Por el contrario, una temperatura elevada puede dañarlas e impedir su crecimiento. El exceso de humedad también puede frustrar la germinación. Aunque las semillas necesitan suficiente agua para germinar, no debe ser tanta que empiecen a pudrirse.
¿Cómo puedes evitarlo? La temperatura ideal para la germinación de la mayoría de las plantas está entre 22-26 °C. Si cultivas en un ambiente más frío, te ayudará una manta térmica o un propagador calefactado. También es importante mantener una humedad adecuada: un ambiente demasiado seco hará que las semillas se resequen, mientras que un sustrato encharcado puede hacer que se pudran. Por eso, ventila regularmente el exceso de humedad del propagador.
3. Sustrato inadecuado
Muchos cultivadores cometen el error de germinar las semillas en un sustrato de jardinería convencional, que suele ser demasiado pesado o contener una cantidad excesiva de nutrientes. Un sustrato inadecuado dificulta el crecimiento de las raíces y puede retener demasiada agua, lo que provoca que las semillas se pudran o que los brotes se marchiten.
¿Cómo puedes evitarlo? Utiliza sustratos ligeros y aireados o tacos de siembra, diseñados específicamente para la germinación. Los cubos de lana de roca o sus alternativas orgánicas (Eazy Plug) son una buena opción. Evita los sustratos con grandes cantidades de fertilizantes: las plantas jóvenes son sensibles al exceso de nutrientes y pueden morir.
4. Falta de oxígeno alrededor de las semillas
Muchos cultivadores no se dan cuenta de que, además de humedad, las semillas necesitan suficiente oxígeno. Si permanecen sumergidas en agua durante demasiado tiempo o están en un sustrato demasiado húmedo y compacto, pueden empezar a pudrirse antes de germinar.
¿Cómo puedes evitarlo? Si germinas las semillas en agua, no las dejes en remojo durante más de 12-24 horas. Después, pásalas a un sustrato húmedo que permita una aireación suficiente. Al elegir el sustrato, asegúrate de que no sea demasiado compacto y de que mantenga un equilibrio óptimo entre aireación y humedad. También puedes tratar las semillas antes de la germinación con una solución al 3 % de peróxido de hidrógeno para eliminar posibles patógenos. También puedes utilizar estimuladores de la germinación o productos con hongos micorrícicos, pero no los combines con peróxido.
5. Profundidad de siembra incorrecta
Sembrar las semillas a una profundidad incorrecta puede afectar considerablemente a su germinación. Si se siembran demasiado profundas, pueden tener dificultades para llegar a la superficie. En cambio, si se siembran demasiado cerca de la superficie, pueden secarse rápidamente o ser arrastradas por el riego.
¿Cómo puedes evitarlo? Sigue la regla de sembrar las semillas a una profundidad aproximada del doble de su tamaño. Las semillas pequeñas, como las de lechuga, solo necesitan cubrirse ligeramente con una fina capa de sustrato o vermiculita. Las semillas más grandes pueden sembrarse algo más profundas, pero siempre de forma que tengan energía suficiente para llegar a la superficie.
6. Luz insuficiente o demasiado intensa
La luz desempeña un papel fundamental durante la germinación, pero no todas las semillas la necesitan. Algunas germinan con luz y otras necesitan oscuridad. Si las plantas jóvenes reciben una luz demasiado intensa, pueden debilitarse y ser más propensas a sufrir deformaciones durante el crecimiento.
¿Cómo puedes evitarlo? Averigua si tus semillas necesitan luz u oscuridad para germinar. Por ejemplo, la lechuga germina mejor con luz, mientras que los tomates y los pimientos germinan en la oscuridad. Una vez que hayan germinado, proporciónales una iluminación suave y uniforme. Las luces TLED con espectro de crecimiento son una excelente opción para la germinación. Coloca la luminaria de manera que las semillas en germinación reciban al menos 18 horas de luz al día.
7. Exceso de fertilizante
Las plantas jóvenes son muy sensibles al exceso de nutrientes. Si las fertilizas demasiado pronto o con una concentración elevada, las raíces pueden dañarse y las puntas de las hojas se quemarán y se secarán.
¿Cómo puedes evitarlo? Espera hasta la segunda semana después de la germinación antes de fertilizar las plantas por primera vez. Si utilizas fertilizantes minerales, empieza con una concentración muy baja (aproximadamente 1/4 de la dosis recomendada). Observa cómo reaccionan las plantas y aumenta las dosis poco a poco.
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