Qué debes saber sobre el agua con la que riegas
Muchos cultivadores no son conscientes del papel fundamental que desempeña la composición química del agua con la que riegan sus plantas. La alcalinidad, el pH y el contenido de sales disueltas son aspectos importantes que determinan si el agua es adecuada para el cultivo de plantas. En este artículo te presentamos algunos datos sobre el agua que todo cultivador debería conocer para obtener resultados óptimos en su jardín.
Tanto si cultivas en hidroponía como en sustratos de cultivo, el agua es uno de los recursos básicos que necesitan tus plantas. Sin embargo, pocos cultivadores saben que la composición química del agua influye en gran medida en lo adecuada que es para el cultivo de plantas. En este contexto, las principales características del agua son la alcalinidad, el pH y la EC.
La alcalinidad expresa la capacidad del agua para resistir la acidificación y está influida por la concentración de carbonatos (H2₂CO₃) y bicarbonatos (HCO). También afectan a la alcalinidad otros compuestos, como los hidróxidos, sulfuros, fosfatos, silicatos o boratos, aunque normalmente solo se encuentran en el agua en cantidades mínimas. Cuanto mayor sea la alcalinidad del agua, menos afectará a su pH la presencia de sustancias ácidas, como los fertilizantes solubles en agua con un alto contenido de amonio o urea. Por el contrario, el pH del agua con una alcalinidad baja o nula caerá bruscamente tras añadir fertilizantes, ya que no contiene suficientes sustancias tampón para neutralizar los ácidos. Puedes conocer la alcalinidad del agua mediante un análisis de laboratorio; normalmente se expresa como cantidad de CaCO₃ o Ca(HCO₃)₂.
Una alcalinidad superior a 150 ppm de CaCO₃ se considera alta, y el agua con estos valores aumentará el pH del sustrato. Si la alcalinidad del agua no es demasiado alta y se sitúa entre 150 y 250 ppm, puedes solucionarlo utilizando un fertilizante que provoque una reacción ácida en el sustrato. Estos fertilizantes contienen más del 20 % del nitrógeno total en forma de amonio (NH₄+) o urea (cuanto mayor sea la proporción, más ácida será la reacción). En cambio, los fertilizantes que contienen nitrógeno únicamente en forma de nitratos provocan una reacción neutra.
- El agua con una alcalinidad de 60-150 ppm se considera ideal. Combínala con fertilizantes que contengan entre el 20 y el 30 % del nitrógeno total en forma de NH₄+/urea.
- El agua con una alcalinidad inferior a 60 ppm tiene poca capacidad tampón. Utiliza fertilizantes que contengan la mayor parte del nitrógeno en forma de nitratos (más del 90 %) y solo pequeñas cantidades de amonio o urea.
- Si la alcalinidad del agua es extremadamente alta (superior a 250 ppm), primero tendrás que reducirla añadiendo ácido hasta aproximadamente 100 ppm y, a continuación, combinar el agua con fertilizantes con un bajo contenido de amonio y urea.
El pH del agua expresa la concentración de iones de hidrógeno (H+) e iones de hidróxido (OH-) y es un indicador de la acidez o alcalinidad de una solución. El pH se mide en una escala de 0 a 14: los valores inferiores a 7 indican una solución ácida, los superiores a 7, una solución alcalina, y el pH 7 es neutro. El intervalo de pH ideal para el agua destinada al riego está entre 5 y 7, ya que se acerca al valor óptimo de pH para el cultivo de la mayoría de las especies vegetales (5,8-6,2). El pH es importante porque la acidez influye en la disponibilidad de nutrientes para las plantas y, cuando alcanza valores extremos, pueden surgir problemas de nutrición.
- Si cultivas en sustratos orgánicos (tierra, coco, turba), controla regularmente el pH del sustrato y mantenlo entre 5,5 y 6,5.
- Si cultivas en hidroponía, controla el pH de la solución nutritiva y mantenlo siempre entre 5,6 y 6,4.

Puedes ajustar el pH del agua añadiendo un ácido o una base. Para reducir el pH, se suelen utilizar ácido nítrico, fosfórico, sulfúrico o cítrico; este último es el único orgánico, por lo que su manipulación es más segura. Para aumentar el pH, se utilizan productos que contienen magnesio o calcio soluble. Al ajustar el pH del agua, ten paciencia: añade el ácido o la base poco a poco y mezcla y mide la solución a fondo cada vez. Para medir el pH, puedes utilizar papel tornasol, pero si te tomas en serio el cultivo, merece la pena invertir en un medidor digital de pH.
La EC es la abreviatura de conductividad eléctrica e indica lo bien que una solución conduce la corriente eléctrica. En el cultivo de plantas, la EC se utiliza para evaluar la concentración de sales disueltas (iones) en el agua o en la solución nutritiva que utilizan las plantas. Estas sales disueltas contienen elementos minerales y nutrientes, como nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, magnesio y otros. Para medir la EC se utilizan medidores digitales de EC o medidores combinados de EC y pH.
Cuanto menor sea la EC del agua destinada al riego, mejor, sobre todo si utilizas fertilizantes que contienen sales minerales. Al añadir fertilizantes, la EC del agua aumenta y un exceso de sales hará que la solución queme las raíces de las plantas, lo que se manifestará en las puntas quemadas de las hojas (sobrefertilización). El agua de lluvia, destilada o filtrada mediante ósmosis inversa no contiene sales disueltas y tiene una EC de 0 mS/cm. El agua del grifo siempre contiene sales disueltas y su EC depende de la región concreta.
- Si la EC del agua destinada al riego es superior a 1 mS/cm (antes de añadir fertilizantes), primero tendrás que filtrarla mediante ósmosis inversa o mezclarla con agua destilada en una proporción que permita reducir la EC por debajo de 0,5 mS/cm.
- El agua con una EC de 0,5-1 mS/cm (antes de añadir fertilizantes) se puede utilizar para regar las plantas y en sistemas hidropónicos, pero con el tiempo pueden acumularse sales en el sustrato, por lo que tendrás que enjuagarlo más a menudo con agua limpia.
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