Fase de crecimiento: guía para cultivadores de exterior

¿Quieres cultivar este año plantas fuertes y sanas en tu jardín y obtener una buena cosecha? Tienes que empezar ya durante la fase de crecimiento, el periodo en el que las plantas desarrollan las raíces, las hojas y los tallos que más adelante serán la base de tu cosecha. En esta guía te contamos cómo favorecer el crecimiento vegetativo en el cultivo en exterior.

A lo largo de su vida, las plantas pasan por dos periodos específicos: la fase vegetativa (de crecimiento), en la que crecen y desarrollan hojas, raíces y tallos, y la fase generativa (de floración), en la que florecen y producen semillas. La duración de las fases vegetativa y generativa varía según la especie. Algunas tienen una fase vegetativa larga y una floración breve (por ejemplo, los árboles); otras pasan rápidamente a la fase generativa (por ejemplo, las plantas anuales), y en algunas (por ejemplo, las perennes) estas fases se repiten cíclicamente durante varios años.

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Por qué son importantes los tallos y las raíces sanos

Durante la fase de crecimiento, es muy importante que las plantas desarrollen suficientes raíces, hojas y tallos, porque durante la floración concentrarán la mayor parte de su energía en producir flores, frutos y semillas. En pocas palabras, sin tallos fuertes y hojas y raíces sanas, no obtendrás una buena cosecha. Los tallos sostienen las hojas, las flores y los frutos, y contienen el sistema vascular que transporta agua y nutrientes por toda la planta. El sistema radicular también cumple varias funciones a la vez. Las raíces absorben los nutrientes y el agua del sustrato y sirven a las plantas como reserva durante los periodos de sequía. Además, unas raíces suficientemente profundas y ramificadas ayudan a que las plantas resistan incluso los vientos fuertes, algo importante en el cultivo en exterior.

Una cantidad suficiente de nitrógeno

Al igual que las personas, las plantas necesitan una dieta equilibrada para estar sanas. A lo largo de su vida, necesitan un total de 17 elementos nutritivos diferentes. Algunos los obtienen del aire y del agua (carbono, oxígeno e hidrógeno), pero la mayoría los absorben del suelo a través de las raíces. Si a las plantas les falta alguno de estos elementos nutritivos esenciales, su salud se verá gravemente afectada. Por eso, un suelo fértil y los fertilizantes adecuados son el primer paso para que tus plantas estén en plena forma durante la fase vegetativa y desarrollen rápidamente tallos robustos y numerosas raíces.

Los tres nutrientes más importantes del suelo para las plantas son el nitrógeno (N), el fósforo (P) y el potasio (K), que consumen en grandes cantidades. Durante la fase de crecimiento, el nitrógeno desempeña un papel fundamental: es la piedra angular de la formación de proteínas, que son los «ladrillos» de todas las células y tejidos vegetales. Sin proteínas, las plantas no podrían desarrollar hojas, tallos ni raíces nuevos. El nitrógeno también forma parte de la clorofila, el pigmento verde que permite la fotosíntesis, es decir, la transformación de la luz en energía. Por último, el nitrógeno también forma parte del ARN, el ADN y las enzimas. El nitrógeno llega al suelo por varias vías:

Fijación biológica del nitrógeno: Algunas bacterias (por ejemplo, de los géneros Rhizobium o Azotobacter) transforman el nitrógeno atmosférico (N₂) en amoniaco (NH₃). Estas bacterias viven tanto en el suelo como en las raíces de las plantas leguminosas (guisantes, judías y trébol). Plantar estas especies en los bancales (abono verde) es una forma natural excelente de aumentar la cantidad de nitrógeno en el suelo.

Materia orgánica: El nitrógeno también llega al suelo como parte de la materia orgánica en descomposición, que los microorganismos del suelo transforman en nitratos (NO₃⁻). El compost, el humus y el acolchado son las formas más eficaces de aportar materia orgánica al suelo.

Fertilizantes de crecimiento: Existe una gran variedad de fertilizantes, desde totalmente orgánicos hasta exclusivamente minerales, de liberación lenta o rápida, sólidos o líquidos. La elección del más adecuado depende sobre todo de tu método de cultivo. Mientras que para el cultivo en macetas resultan adecuados los fertilizantes líquidos de acción rápida, para el suelo suelen ser más apropiadas las opciones orgánicas de liberación lenta. Elijas el tipo que elijas, el fertilizante de crecimiento siempre debe tener un alto contenido de nitrógeno (N).

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Elementos nutritivos complementarios

El calcio (Ca) y el silicio (Si) son dos elementos nutritivos a los que la mayoría de quienes cultivan en exterior no prestan mucha atención, porque normalmente ya hay suficiente cantidad en el suelo. Aun así, la falta de silicio o calcio durante la fase de crecimiento puede afectar considerablemente a las plantas, ya que ambos elementos influyen directamente en la resistencia de las paredes celulares. Si la planta recibe suficiente silicio y calcio, tendrá hojas y tallos más fuertes y resistirá mejor el viento, la sequía y los patógenos.

Calcio: Este elemento es esencial para el desarrollo de nuevas células y también regula el transporte de agua y nutrientes entre ellas. La falta de calcio se manifiesta en las plantas con hojas jóvenes deformadas o marchitas y un crecimiento más lento. Una buena fuente de calcio para el cultivo en exterior es la caliza dolomítica, que también ayuda a reducir la acidez del suelo. Los fertilizantes líquidos con calcio y nitrógeno (CalMag) son una fuente rápida de calcio para las plantas durante la fase de crecimiento. La materia orgánica en descomposición también contiene calcio, por ejemplo, el compost o el material utilizado para el acolchado.

Silicio: En el cultivo al aire libre en suelo, las plantas tienen silicio ampliamente disponible. Sin embargo, si cultivas, por ejemplo, en coco o en sustratos inertes, puede que tus plantas no dispongan de suficiente. El silicio refuerza las paredes celulares, por lo que las plantas resisten mejor las temperaturas altas, el aire seco y la sequía. Si quieres aportar silicio rápidamente a tus plantas y protegerlas del calor, prueba a aplicarlo por vía foliar, por ejemplo, con Terra Aquatica Silicate.

Riego y humedad del suelo

La fase vegetativa es un periodo de crecimiento rápido e intenso, por lo que las plantas necesitan un aporte regular de agua. La sequía puede ralentizar considerablemente, sobre todo, a las plantas jóvenes que están desarrollando sus raíces. Por otro lado, el exceso de agua en el sustrato puede provocar la pudrición de las raíces y la aparición de moho. Por eso, conviene seguir estas pautas al regar las plantas de exterior:

  • Riega con más frecuencia y en menor cantidad, en lugar de hacerlo de una sola vez con mucha agua.
  • Comprueba regularmente la humedad del suelo: debe estar húmedo al tacto, pero no empapado.
  • Riega por la mañana o por la tarde.
  • Durante los periodos de lluvias intensas, asegúrate de que el suelo tenga un drenaje adecuado.

Para descubrir más consejos y guías útiles para el cultivo en exterior e interior, visita nuestro blog de Higarden.